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Jabones caseros

 

El enorme progreso alcanzado por la fabricación de jabones, tanto en maquinaria altamente perfeccionada como en el empleo y combinación de materias primas empleadas en su elaboración, forma un conjunto tan complejo y extenso que seria imposible desarrollar este tema en un sitio de esta índole dentro de cuyo volumen sólo cabría apenas una parte relacionada con tan importante industria.

En razón de lo que dejamos expuesto sólo trataremos aquí la preparación de algunos jabones caseros, concretándonos a presentar en la forma más sencilla las prácticas que se adoptan para llegar a obtener un producto que satisfaga las necesidades dentro de los recursos elementales y sencillos de que echaremos mano.

jabones caseros naturalesLos útiles necesarios para iniciar una fabricación casera de jabón se pueden reducir a dos o tres tachos de unos 25 a 30 litros de capacidad cada uno, pudiendo ser éstos de chapa de hierro, de latón o cobre y tener la suficiente solidez para soportar la acción del fuego y de las lejías. Para los tratamientos que haremos en estos tachos, conviene trabajar al aire libre y contar con una hornalla rústica hecha con ladrillos asentados en barro y dispuestos en tal forma que permitan apoyar los tachos sobre travesaños de hierro dispuestos en los mismos, constituyendo una base sólida y segura para poder trabajar sin peligros.

Debe tenerse también presente que la altura que quede la boca del tacho debe ser tal que permita a una persona de pie poder trabajar con desenvoltura en los mismos tachos estando junto a la hornalla.

El recipiente más simple que se usa en esta industria es una caldera de chapa de hierro, de forma ligeramente tronco cónica a fondo cóncavo y borde reforzado con agarraderas laterales. Necesitamos también una paleta de madera que puede ser de construcción rústica afectando la forma de un remo para bote, de un metro de largo; un molde de madera desarticulable, para poder retirar el jabón después de endurecida la pasta, y si se quiere, un densimetro de Baumé para tomar la densidad de las lejías y un tamiz metálico que utilizaremos para colar la grasa fundida.

 

 

Recetas de jabones

 

El sebo o la grasa en rama proveniente de mataderos o de desperdicios y recortes de carnicerías, previamente fundido y purificado, constituye el más importante elemento en la fabricación de los jabones.

Para preparar el sebo, se someten los recortes de grasa al fuego, dentro de uno de los tachas, y éste, por la acción del calor, va derritiéndose hasta fundirse dejando como residuo los chicharrones que aún contienen grasa, para recuperar la cual pueden ser sometidos a fuerte presión cediendo así un alto porcentaje de grasa.

Álcalis. Los álcalis son cuerpos químicos destinados a formar las lejías o soluciones alcalinas destinadas a producir la saponificación de las grasas. Los álcalís más usados para la saponificación son: el carbonato de sodio y de potasio, la soda y la potasa cáustica y el amoníaco.

Soda Cáustica. Ocupa el primer puesto en el uso para saponificar junto con la potasa cáustica. La soda cáustica es el hidrato de sodio, también conocido por hidróxido de sodio, y la potasa cáustica es el hidrato o hidróxido de potasio: ambos productos se expenden en el comercio en latas de 5 kg siendo en realidad un producto barato, posible de conservar en envases bien tanados y cuando se utilicen han de tomarse las precauciones necesarias, evitando tocar con las manos húmedas por ser sumamente corrosivos. La soda cáustica comercial es de baja graduación, esttando generalmente bajo los 60 grados, entendiéndose el grado como el porcentaje de óxido de sodio no hidratado en ella contenido.

La lejia puede hacerse indistintamente con soda cáustica o potasa cáustica, con la sola diferencia en el resultado de los jabones, de que las grasas saponificadas con soda cáustica dan jabones duros, y las tratadas con potasa cáustica dan jabones blandos.

Hecha esta aclaración, optaremos Por iniciamos con un jabón blando, para lo cual prepararemos una lejia disolviendo 2 kilos de potasa cáustica en 10 litros de agua caliente. Esta solución dará una lejía en dos porciones iguales de 5 litros cada una, a las que designamos, para diferenciar, por lejía NQ 1 y lejía No 2. A la lejia No 2 se le agregan otros 5 litros de agua. Se calienta esta última solución alcalina en el tacho elegido para elaborar el jabón y Se le echa con precaución los 10 kg., de grasa derretida, se hacen hervir revolviendo continua­mente con la paleta durante 3 horns más o menos. Este hervor debe sostenerse a fuego lento para evitar que la preparación suba y se derrame. Pero, a pesar de todo, la preparación subirá en ciertos momentos y cada vez que esto suceda se tomara con un cucharón un poca de lejía N. 1 y se rociará la preparación al mismo tiempo que se resuelve.

Cuando la misma va tomando consistencia pastosa se le agrega a intervalos tres porciones de litros de la lejía No 1 agitando siempre con la paleta tratando de remover la pasta del fondo hacia arriba.

legado a este punto se activa el fuego y se le echan otras 3 ó 4 por­ciones de lejia Numero 1 en otras tantas veces, y siempre removiendo con la paleta se continúa el hervor durante un par de horas más.

Si se advierte que la masa empieza a formar grumos volverá a echarse, a intervalos, pequeñas porciones de la lejia NQ 1.

Al cabo de un tiempo de hervor, la pasta espesa y casi dura en la parte superior formará grandes grietas entre las cuales surge a borbotones la lejia hirviendo, se observa, y si se ve que la pasta no se pega a la paleta es indicio de que el jabón está hecho. Mientras esto no suceda, se continuará con la pasta al fuego agregando pequeñas cantidades de lejía hasta obtener la comprobación que nos indica que el jabón está hecho.

Existen muchas otras pruebas para comprobar si la saponificación ha terminado, pero la más sencilla y práctica, es tomar una pequeña cantidad de pasta y frotarla con las manos bajo un fino chorro de agua, observando si hace espuma y si después de enjuagarse las manos quedan limpias sin vestigios de grasa. Si las manos quedan untuosas, es indicio que el jabón no está hecho.

Una vez terminada la operación se retira el tacho del fuego y se deja reposar 2 ó 3 horas, se separa después el resto de la lejía de la pasta, y por medio de un cucharón u otro recipiente apropiado se va echando en los moldes para formar los panes o barras, que quedarán listo al enfriarse.

Con la lejia de ceniza se procede igual que lo que dejamos indicado, y por último si se quiere dar al jabón un aroma agradable se le puede agregar a la pasta, revolviendo y antes de echarla a los moldes, 30 gramos de esencia de citronela.

 

Jabón líquido

 

El jabón liquido es muy usado en las oficinas públicas y en los hospitales, y tiene la ventaja de dosificarse su uso por medio de aparatos especiales evitando pérdidas o gasto inútiles y también contacinaciones posibles. Damos a continuación una de las tantas fórmulas del jabón líquido que existen para su preparación:

 

Fórmula del jabón líquido:

 

Hidrato de sodio .... 115 gramos

Hidrato de potasio.. 115 gramos

Aceite de algodón... 800 gramos

Aceite de coco..........270 gramos

Alcohol 95% ........... 450 gramos

Agua destilada......... 3,5 litros

 

Se prepara con el agua las lejias de sodio y potasio y se agregan al alcohol. Aparte se calientan a unos 70 grados los aceites y se les echa pom a poco las lejías mientras se bate continuamente la preparación.

 

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