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Ambientes de trabajo

 

La construcción de los ambientes de trabajo debe ser regida por las preocupaciones de comodidad y seguridad de los trabajadores que en ella han de trabajar. En la concepción actual de la higiene del taller, hasta el más insignificante detalle es conside­rado en beneficio del trabajador y de su rendimiento. En este orden de ideas, debemos reconocer que en nuestro país la aplicación de los preceptos higiénicos del taller ha sido objeto de especial vigilancia, sobre todo en estos últimos años.

 

Las reglas higiénicas a tenerse en cuenta en la construcción de los ambientes de trabajo se refieren particularmente a la altura, superficie, ventilación, iluminación, piso paredes, techos y puertas de los locales.

.Materiales de construcción: Sus cualidades deben guardar relación directa con la naturaleza del trabajo y la higiene del mismo. Así, por ejemplo, la piedra será preferida para los mataderos y las construcciones livianas para las fábricas de pólvora (para reducir el peligro de resistencia en caso de explosión).

.Altura: Entre el piso y el techo, la altura debe ser de 3.50 que es la conveniente para favorecer la salida de los gases, humos, polvos y la circulación del aire mismo.

. Superficie: se calculará a razón de 2 m2 por trabajador como mínimo.

.Capacidad: los talleres tendrán una capacidad mínima de 7 m2 por persona; en los laboratorios, cocinas, oficinas públicas y nego­cios se calculará como mínimo a razón de 10 m3 por persona.

.Ventilación: debe asegurarse que el aire se renueve, a fin de que el ambiente se mantenga en el estado de pureza favorable a la salud y también para impedir que la temperatura se eleve demasiado.

Se comprende que la capacidad mínima de 7 m3 por persona establecida para los talleres sería insuficiente y perjudicial para los obreros si el volumen de aire no fuese notablemente ampliado trabajo y la temperatura y humedad que normalmente deben reinar en la fábrica.

Calcúlase que, en condiciones normales, la renovación aerífera debe ser, para cada persona, de unos 16 m3 por hora; para los talleres ordinarios se requieren unos 40 m3 por persona y por hora, y para los insalubres 100 m3.

.Iluminación: En la orientación de los locales, se cuidará que gocen de luz natural el mayor número posible de horas del día.

Además, tendrán un buen sistema de iluminación artificial, tanto los locales y sus dependencias como los pasajes y escaleras.

.Pisos: Se exigirá que los pisos estén bien nivelados y sean im­permeables; además, serán continuos, como prevención contra el cúmulo de residuos entre las junturas y también para facilitar su limpieza.

 

Los suelos deben ,construirse con los materiales más adaptados a favorecer el trabajo y la higiene. Pueden ser de cemento, piedra, madera, etc. Los suelos de cemento, tan usuales, atenúan las vibraciones y son fáciles de limpiar, pero determinan sensa­ciones de frío en los pies de los obreros que deben atender su traba j o en el mismo lugar; para evitar este inconveniente se re­comienda impermeabilizar los suelos con coaltar (alquitrán de hulla), parafina, aceite de lino, etc.

Se tendrá especial cuidado en suprimir o reducir al mínimo las causas de peligro vinculadas con el instrumental y materiales de trabajo. Así, los lugares peligrosos (máquinas, pozos, etc.) de­ben ser convenientemente protegidos.

La limpieza del suelo

debe ser motivo de constante preocupación. Se practicará el barrido una vez al día, antes de iniciar las tareas o al finalizarlas; de preferencia, en esta última oportunidad, pues así las partículas que por el barrido se difunden en el aire tienen el tiempo suficiente para depositarse sobre el suelo. La limpieza nunca debe hacerse durante las horas de trabajo.
Los suelos impermeables pueden ser limpiados por vía húme­da, con agua que contenga cierta proporción de algún antiséptico. El lavado puede hacerse a base de agua y jabón «con ayuda de cepillos o de lienzos húmedos si las condiciones del trabajo o fa naturaleza del revestimiento del suelo se oponen al lavado». El barrido debe ser húmedo para evitar, en lo posible, que se levan­ten polvos.

 


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