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Limpieza de relojes de fabricación casera


Todo taller moderno de relojería necesita estar equipado con máquinas y dispositivos también modernos; entre estos últimos se encuentran los pequeños aparatos destinados a la limpieza química de los relojes -algunos de ellos muy perfeccionados e ingeniosos.

 

Estos dispositivos destinados en un principio a los grandes fabricantes de relojes, se han adoptado también en los talleres de relojería que cuentan con mucho trabajo permanente, donde no sólo se hacen necesarios porque limpian mejor que en la forma primitiva sino porque aceleran la limpieza simultánea de varios relojes, lo cual representa una economía en mano de obra.

Es muy natural entonces, que entre la limpieza individual de las piezas componentes de cada máquina, que en muchos casos debe lograrse con procedimientos rudimentarios, y la limpieza en serie que brindan los dispositivos modernos se ha dado un paso importante en beneficio de la comodidad y rapidez.

Desde las piezas que componen las máquinas de los relojes nuevos, que en operaciones preliminares al armado sufren el manoseo de los operarios, hasta la de los relojes usados, en los cuales, además de las finísimas partículas de polvo que pueden haber recogido penetrando en su mecanismo, hasta el fenómeno de resinificación de los malos aceites lubricantes empleados y que entorpecen la marcha de la máquina, todo esto hace indispensable una prolija limpieza que deje el metal incontaminado y además protegido contra la corrosión.

Líquidos de limpieza.

Los líquidos compuestos por soluciones alcalinas y los ácidos actúan sobre los metales limpiándolos, pero según su grado de concentración los atacan con mayor o menor energía, de acuerdo al tiempo que actúan y a la temperatura.

Tenemos por otra parte los solventes de las sustancias grasas, que siendo neutros, no atacan al metal. Se llaman solventes neutros aquellos cuya composición química no enrojece ni vuelve azul el papel del tornasol.

Es decir que no son ni alcalinos ni ácidos, y por lo tanto no pueden ser peligrosos para los metales. A esta clase de solventes corresponde la bencina, el éter sulfúrico, el cloroformo, el tetracloruro de carbono, el tricloroetileno y otros.

Sin dejar de reconocer que algunas de estas sustancias tienen en su fórmula un radical ácido que en determinadas circunstancias puede dar nacimiento a desprendimientos de cloro, en el caso del cloroformo o del tetracloruro de carbono, es bueno saber que cuando estos cuerpos son de gran pureza, no dañan las piezas en tratamiento.

Para las partes gruesas de relojería son de elección las lejías, que son soluciones de sustancias alcalinas en agua. Las lejías tienen la propiedad de saponificación de las grasas, haciéndolas hidrosolubles. El compuesto soluble más indicado suele ser el amoníaco.

 

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