Volver a seguridad industrial

Condiciones de iluminación

 

 

Iluminación natural. - Siempre que sea posible hay que utilizar luz natural, pues la artificial carece de las radiaciones saludables que tiene la primera.
La iluminación natural depende de la luz solar directa (fuente primordial), de la reflejada por el cielo (que es la más importante) y de la reflejada por los objetos después de recibir la luz de las dos fuentes precedentes.

 

Tanto la luz solar directa como la difusa son muy importantes para la actividad del organismo: la luz directa tiene acción bactericida (destructora de microbios) y la luz difusa es la más con­veniente para el trabajo, ya que no hiere ni fatiga los ojos.

. Para captar la mayor cantidad de luz natural y distribuirla de la mejor manera en los locales, es preciso que las construcciones estén bien orientadas.

«La luz difusa, que en nuestro continente es obtenida por la orientación Sur, se difunde con una intensidad uniforme, no da sombras marcadas, no fatiga la vista; su propiedad bactericida es casi nula. La orientación Norte es la que proporciona una ma­yor cantidad de luz con efecto fisiológico y al mismo tiempo una acción bactericida máxima». (GERMINAL RODRÍGUEZ).

Para que la luz se distribuya en cantidad suficiente es necesa­rio que entre los cuerpos de un edificio exista cierta separación, que debe ser, cuanto menos, de una vez y media la altura del edificio.

La entrada de la luz puede efectuarse a través del techo y de las ventanas.
El techado horizontal con vidrio, a pesar de sus aparentes ventajas, puede ser insuficiente durante el invierno y molesto durante el verano (por los reflejos y el calor que determinan los rayos solares en los locales de trabajo); este inconveniente puede atenuarse utilizando toldos.

Mucho más prácticos son los techos de vidrio inclinados según un ángulo de 40 - 45 grados, pues evitan los inconvenientes recién mencionados; estos techos se orientan de manera que no reciban las radiaciones solares directas.

Los mejores resultados se obtienen combinando con la iluminación a través del techado oblicuo de vidrio el sistema de iluminación lateral (ventanas).

La posición, forma y dimensiones de las ventanas, construidas de acuerdo a las modernas orientaciones de la Arquitectura hi­giénica, favorecen no sólo la penetración de la luz natural, sino que también permiten a ésta expandirse sobre la mayor super­ficie del local. Conviene que la base de las ventanas esté, aproxi­madamente, a nivel de los lugares donde se desarrollan las tareas. Los vidrios despulidos contribuyen a aumentar la difusión de la luz.

En síntesis, para que los locales de trabajo gocen de buena iluminación natural deben cumplirse las siguientes condiciones:

1 La cantidad de luz natural recibida debe ser la mayor posible.

2 Los rayos luminosos deben llegar al centro del local.

3 La luz debe distribuirse de manera muy uniforme sobre los lugares de trabajo.

 

Problemas de iluminación

 

Una de las consecuencias de la iluminación escasa o insuficiente es que el obrero se ve obligado a inclinar la cabeza para acercar sus ojos al material de trabajo: se producen, así, la fatiga y tras· tornos visuales como: enrojecimiento de la conjuntiva, dolores periorbitarios, incoordinación de los movimientos del globo ocular, aumento del número de parpadeos (guiños), conjuntivitis, miopía.

También el exceso de iluminación provoca importantes trastor­nos oculares, los cuales se manifiestan particularmente en los obre­ros que en el curso de sus tareas diarias están expuestos al res­plandor de una fuente luminosa (soldadura autógena, cinemato­grafistas, herreros, etc.).

Otras causas de trastornos oculares son el contraste de luz y sombra movedizas, la inestabilidad de las fuentes luminosas y la naturaleza de la luz (así, por ejemplo, las radiaciones ultravioletas y las infrarrojas son muy perjudiciales) .

Todo lo cual nos permite comprender perfectamente la extraordinaria importancia que tiene la iluminación en la Higiene del taller.

En síntesis, y con GERMINAL RODRÍGUEZ, podemos establecer que una buena iluminación produce los siguientes beneficios:

1 Reducción de accidentes.

2 Trabajos más exactos, lo que mejora la calidad de la producción.

3 Aumento del rendimiento.

4 Menor fatiga ocular.

5 Mayor alegría al trabajar.

6 Más limpieza.

7 Más orden y prolijidad en el ambiente de trabajo. 8 La vigilancia del trabajo es más fácil.

Hoy se sabe que el costo de los accidentes producidos por una iluminación defectuosa es mucho mayor que el costo de instalación de una buena luz.

Si un obrero ahorra, debido a la buena iluminación sólo el equivalente de 3 minutos por día durante 300 días, compensa el costo anual de la iluminación. La buena iluminación se paga por sí misma y su gasto de instalación y mantención son conceptuadas como buenas inversiones de capital.

Búsqueda personalizada